La Endiablada
Las fiestas en honor de la Candelaria y San Blas de Almonacid de Marquesado, conocidas como La Endiablada, cobran gran esplendor y son de las más conocidas y originales de toda la provincia. Su origen es inmemorial y en ellas el protagonismo recae en un grupo de hombres, los "diablos", que danzan sin cesar por las calles, en la procesión y en el interior del templo, produciendo un ruido ensordecedor con los grandes cencerros que llevan en su cintura.
Origen de La Endiblada
La presencia de estos personajes portadores de grandes cencerros y con un aspecto llamativo se suele justificar con una explicación legendaria en algunos pueblos donde hacen su aparición el día de La Candelaria, 2 de febrero.
En Almonacid del Marquesado los relacionan con la primera salida al templo de la Virgen, cuarenta días después de haber tenido a su Hijo. Como era moza, le avergonzaba que los transeúntes reparasen en ella, por eso los pastores se colocaron los cencerros de sus ovejas a la cintura y con gestos exagerados y grotescos acompañaron a la Virgen hasta el templo, logrando con su comportamiento que su presencia pasase desapercibida.
En estos personajes se observa un sincretismo entre rituales religiosos y paganos, reparten fecundidad por medio de la ceniza o la pelusa, espantan los malos espíritus con los ruidos ensordecedores que producen, etc.
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