Castillo de Sigüenza
Sigüenza (Guadalajara)El Castillo de Sigüenza, convertido en Parador Nacional, remata con su gallarda y solemne silueta el perfil de la ciudad, en la que, vista de lejos, se confunden las torres de la catedral, los chapiteles de los templos románicos y los frontispicios de palacios y conventos, con la algarabía tierna de la arquitectura popular genuína de estas sierras ibéricas. Resultando el conjunto de la ciudad seguntina, desde cualquier perspectiva, inolvidable y sorprendente.

- Situación
- El castillo se ubica en un pequeño montículo cerca de la localidad que le proporciona su nombre, dominando el territorio que lo circunda.
- Historia
- Se han encontrado los primeros restos de asentamientos humanos en el cerro de Villavieja, cercano a la actual ciudad.
En la época romana Sigüenza constituyó un importante eje de comunicaciones. Durante la ocupación visigoda creció de forma importante su número de habitantes, llegando a alcanzar tal relevancia que su obispo asistió al Concilio de Toledo del año 589. Los árabes se instalaron en la zona alta del castillo, un dominio que se prolongó hasta 1124 con la toma de la medina por parte de la reina Urraca de Castilla. Es entonces cuando don Bernardo de Agén reconstituyó la sede episcopal.
Tiempo después, Alfonso VII concedió al obispo el señorío de Sigüenza y en la Edad Media, Sigüenza era prácticamente una ciudad. En el siglo XII existían dos núcleos de población: uno en torno a la alcazaba y el otro junto a la catedral. En el siglo XIV la judería se instaló cercana a la sinagoga.
Desde finales del siglo XV hasta comienzos del XVIII, la villa contó con universidad propia por una bula papal, si bien, posteriormente Sigüenza se vio muy afectada tanto por la Guerra de Independencia como por las guerras carlistas.
- Descripción
El aspecto de la fortaleza, desde la lejanía, es muy homogéneo, ofreciendo un nivel de paramentos lisos y algunos torreones, unas veces de planta cuadrilátera, y otras semicirculares, siempre rematados por almenas.
Su desafiante tono es el propio de una fortaleza netamente medieval, de los siglos XIII y XIV que fue cuando cobró su silueta verdadera.
En el interior, hoy llama la atención del visitante su gran patio, que mantiene en su centro el viejo pozo, hondísimo, tallado en la misma roca; portaladas con escudos, del siglo XVI, y una galería de madera y revoco esgrafiado completando sus muros de dicho patio.
En la planta baja se pueden admirar diversos salones. El salón rojo o salón del trono, en el que grandes pilares cuadrados delimitan un amplio espacio rematado por gran chimenea renacentista, y muros decorados en un fuerte tono rojo, que se matiza con abundantes reposteros y armaduras. En este lugar impartían su justicia, civil y eclesiástica, los señores y obispos de Sigüenza.
El comedor grande o salón de doña Blanca es otra pieza hermosísima, en la que se yerguen gruesos arcos pétreos apuntados sosteniendo la estructura de la sala. Varias estancias cobijan otros salones, comedores y capilla.
Las plantas superiores están dedicadas a las habitaciones de los huéspedes, no existendo nada de admirar en el sentido monumental.
Todo el edificio se encuentra hoy recubierto, en sus paramentos, por reposteros y escudos pétreos en los que aparece una buena copia de los escudos de armas de muchos de los obispos que ocuparon esta fortaleza.
- Horarios
- El castillo de Sigüenza, convertido en Parador Nacional, merece visitarse por muchos motivos, y en cualquier caso es fácil hacerlo, pues la entrada es libre, tanto a su patio como a sus dependencias.
- Tarifas
- La entrada es gratuita.
- Servicios
- Habitualmente, en el verano se ofrecen exposiciones de pintura e incluso actos de tipo cultural en el seno de este castillo, que hacen todavía más sugerente su visita.
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