Belmonte
Patria de fray Luis de León, príncipe de los poetas líricos españoles, Belmonte es un conjunto monumental de enorme magnitud en la provincia de Cuenca, que conserva importantes edificios civiles y religiosos, además de un impresionante recinto defensivo compuesto por castillo, murallas y puertas.
Introducción
Su situación, entre Cuenca y Albacete, hace que esté bajo la influencia de ambas. Los platos más típicos son: Ajopringue. Morteruelo. Gachas Manchegas. Caldereta de cordero. Perdiz en Escabeche. Tiznao.
IGLESIA COLEGIAL DE SAN BARTOLOMÉ 
Más conocida como "La Colegiata", es la visita más sugestiva que Belmonte brinda al visitante junto con el Castillo, y en ella podemos admirar, entre otras obras, la pila en la que Fray Luis de León fue bautizado.
En esta joya del estilo gótico se puso en juego el sentido religioso y cristiano de un pueblo en una maravillosa sinfonía de cinceles y martillos, gubias y bujardas, pinceles y paletas, agujas y sedas, que empiezan en el siglo XV y terminan después del siglo XVIII.
La Colegiata de San Bartolomé está emplazada en el barrio alto de la villa, dentro del recinto amurallado, que el Marqués de Villena mandó construir de acuerdo con el concejo de la villa, y junto al Alcázar Viejo, palacio del Infante Don Juan Manuel. Es la parte más irregular del pueblo, de calles estrechas, retorcidas, empinadas algunas de ellas, que fácilmente traen el recuerdo de los primitivos trazados de la villa. Se construyó la Colegiata sobre la primera edificación de la antigua parroquia que, como apuntábamos, fue de época visigótica y posteriormente, pasada la dominación árabe, adaptada a los tiempos del románico. Estaba situada en lo que ahora es la nave central hasta donde llega la verja del coro, tras el segundo tramo de naves. De ello aún se conservan algunos vestigios: algún alero del tejado, oculto ahora por las bóvedas actuales. El dato más significativo sea quizás la Bula del Papa Honorio III que habla de la parroquia de San Bartolomé de Belmonte en el año 1223.
Sin lugar a dudas, una de las maravillas de la Colegiata es el Coro, tallado para la Catedral de Cuenca y trasladado a Belmonte en el siglo XVIII. Técnicos y estudiosos dan una gran importancia a esta obra, ya que es la primera sillería de Coro Historiada que tenemos en España. En ella aparecen relatos de la Sagrada Escritura que en forma de ""historias"" nos van narrando la Historia Sagrada, junto con escenas profanas más tímidamente tratadas.
CASTILLO DE BELMONTE 
La atención principal del poderoso magnate Don Juan Pacheco se centró en Belmonte en fortalecer la población ciñéndola con dilatado y recio muro, y en construir para sí una morada en lo alto del cerro de San Cristóbal en la parte oriental de la villa: El Castillo, donde se volcará la fantasía y el poder del marqués en una construcción ""tan bella, tan magnífica, tan robusta en su armazón y tan marcial en su apostura"" que es la traza más original de los Castillos de España.
Belmonte, que indudablemente es la querida villa natal de Don Juan Pacheco manda que "sea cercada e rodeada en derredor con una cerca de cal e canto" hasta su suntuoso Castillo, mezcla de lujoso palacio y recia fortaleza, donde refugiarse y descansar de su ajetreada y frenética actividad.
El Castillo es de traza o planta completamente singular y, en todo caso, única. El artista que lo trazó da rienda suelta a su imaginación, aún sin olvidar en ningún momento las reglas clásicas de construcción castrense. ¿Quién fue su arquitecto? La época en que está construido, algunos elementos decorativos exactamente igual que los de la Colegiata y sobre todo las marcas de los canteros que se aprecian en el Castillo que son las mismas de la Colegiata, hace pensar en el Maestro Hanequín de Bruselas.
El Castillo se compone de un cuerpo principal y de una barrera o muralla exterior que le ciñe por completo y de la que por ambos lados arrancan y descienden las murallas de la villa. Este cuerpo principal está trazado sobre un triángulo equilátero que es el patio de armas del castillo, a cuyos lados van adosados dos cuerpos rectangulares de tres pisos que componen la parte noble y residencial. El tercer lado es la torre del homenaje, que proteje y guarda la parte más accesible donde se alojaba la tropa. El conjunto se forma por una planta estrellada en cuyas seis puntas se levantan otros tantos torreones cilíndricos, y así el castillo de Belmonte es una construcción rara y única en la arquitectura civil y militar. Por ello es necesario entrar dentro de él, visitarlo con detención y comprobar su importancia como uno de los grandes monumentos del arte gótico-mudéjar de España, y sin género de dudas, el mejor de todos ellos.
Al franquear el umbral del Castillo por la puerta llamada del Campo, nos encontramos con un anchuroso espacio libre o patio entre el castillo y su muralla, que se llama albacara, servía de refugio a los habitantes de la Villa en caso de ataque de los enemigos, y allí con sus enseres y ganados se veían protegidos por el señor.
Pasada la segunda puerta llegamos al patio triangular donde se asoman dos galerías de arcos ojivales, y geminados los del segundo piso. Por la escalera señorial y sorprendente, por el fastuoso despliegue de ornamentación, llegamos a las salas interiores donde la escasa decoración se centra en las jambas de las puertas y ventanas, algunas de grandísima fastuosidad, y en los frontales de las chimeneas de campana.
Las propias sombras del edificio con su inmenso y desolador silencio, ponen otra nota característica del Castillo, y a pesar de ello su belleza arquitectónica adquiere un esplendor rutilante. Porque la gloria del Castillo de Belmonte, se ha dicho, son sus artesonados, sin duda alguna los más variados y bellos de España en edificios civiles. Policromados todos ellos, juegan los colores rojos, amarillos y azules, alternando con los ocres y tonos naturales de la madera de pino, creando un efecto maravilloso y de ensueño al contacto con la luz exterior. Los motivos de los artesonados son sorprendentes, nacidos todos de la rica imaginación mudéjar: casetones rectangulares y cuadrados, alternando con modelos geométricos estrellados y otras piezas de lazos y cruces con decoración floral. Ricas tirantas apoyadas en ménsulas bellamente decoradas. En otras salas aparecen célebres pinjantes o mocárabes suspendidos en los centros de ricos rosetones. La fantasía alcanza extremos inauditos donde, se dice, eran las habitaciones de los señores: la cúpula era giratoria, y enriquecida por la presencia de pequeños cristales de colores, producía un juego de reflejos al devolver los rayos de luz desde los fondos de los casetones, mientras sonaban tenues campanillas de plata.
Junto con toda su belleza, el Castillo estaba provisto de los medios necesarios de defensa para sostener un largo asedio. Sabemos que en tiempos de Don Jorge Manrique cuando éste cae herido en la batalla de Alcañavate en 1479 había en el Castillo de Belmonte 100 lanzas de a pie. En 1672 todavía quedan en el Castillo siete morteros y cinco pedreros de hierro con un gran número de piezas de artillería del mayor calibre que entonces se conocía.
Indudable parece la tradición que este Castillo sirvió de refugio a la princesa doña Juana la Beltraneja, y cuenta la misma tradición que doña Juana escapó del Castillo por una ventana en plena noche.
El Castillo fue objeto de una restauración importante por orden de la Emperatriz Eugenia de Montijo, condesa de Teba y esposa de Napoleón III en el año 1857. Se hizo cargo de la dirección de las obras el arquitecto español Sureda. A la caída del Imperio los trabajos se interrumpieron, y se reanudaron años después por orden del Duque de Peñaranda, sobrino de la Emperatriz. Más tarde fue ocupado el Castillo por una comunidad de frailes Dominicos a los que se los cedió la emperatriz, y en él permanecieron hasta el año 1885. La emperatriz Eugenia habitó temporadas en el Castillo, después de muerto su esposo Napoleón III, realizando algunas reformas en el interior del recinto.
En la Guerra Civil Española, y después de ella, sirvió de cárcel del Partido Judicial de Belmonte y por último se habilitó como academia de mandos del Frente de Juventudes. En los años 1991 y 1992 se han hecho obras importantes de restauración en el Castillo, tales como reposición de sillares en almenas y muros con llagueado y reparación de mampostería y sillería; reparación de cubiertas, torres, chimeneas. Limpieza y restauración de artesonados; ventanales de nueva construcción con vidrieras emplomadas, repaso general y arreglo de puertas; rescates de estucos en diferentes dependencias. Esta restauración la hizo la Escuela Taller de Belmonte, del Fondo Social Europeo del I.N.E.M., bajo la dirección técnica del arquitecto D. Casto García García y el aparejador D. Juan J. Pacheco Pacheco.
Y el Castillo de Belmonte sigue luciendo su impresionante traza de solidez y armonía en los Campos de La Mancha bajo el cielo limpio e inmenso de Castilla.
MURALLAS 
Fueron construidas a lo largo del siglo XV.
En el Archivo Municipal, desaparecido en 1936, constaba la escritura que en 12 de Octubre de 1456 otorgó la villa con el Marqués sobre la fábrica de la muralla, y, aunque desaparecido este precioso documento, se han conservado copias auténticas.
De ellas se conservan dos tramos en perfecto estado que bajan del castillo hasta la población. Había cinco puertas que se abrían a lo largo del recinto amurallado, tres de las cuales se siguen utilizando como acceso a la ciudad.
Estas cinco puertas son:
La Puerta de San Juan, al norte. De ella todavía se conserva la jamba y torreón de la derecha. La jamba de la izquierda hasta el primer cubo fue demolida el año 1912 para construir la actual plaza de toros.
La Puerta de Chinchilla -cuya foto ilustra esta página-, al sur, que además de ser la primera que se hizo, es la que mejor ha llegado a nuestros días, y por si fuera poco, todavía se ha remozado en los últimos años por la Dirección General de Bellas Artes. Desde aquí al Castillo aún se conserva entero el lienzo de muralla, con una torre albarrana preciosa.
La Puerta del Almudí o del Rollo.
La Puerta de Toledo o de Monreal.
La Puerta Nueva, al oeste, de la que apenas quedan unos sillares de la jamba de mano izquierda.
CONVENTO DE LOS JESUITAS 
El edificio se terminó en 1627 bajo los auspicios de doña Francisca de León. Quedan restos de él que se destinan a diversas utilidades. El patio está abierto, al haberse derrumbado los lados sur y oeste del recinto y forma una pequeña plaza pública. La iglesia fue convertida en cine.
PLAZA DE ENRIQUE FERNÁNDEZ 
Campo de ferias en su origen, es un amplio espacio que aparece cerrado en la parte oeste por el convento de los Trinitarios. En ella se localiza una fuente con un gran pilón rectangular, construido por los marqueses de Villena. En esta plaza se encuentra también un abrevadero de caballerías.
ERMITA DE NUESTRA SEÑORA DE GRACIA 
Correspondiente al siglo XVII, representa un monumento de gran interés que merece la pena visitarse cuando se llega a Belmonte. En el interior de esta ermita se encuentra una imagen gótica de la Virgen que tiene en sí misma un gran valor artístico. Es la patrona del pueblo que le tiene una gran devoción.
EDIFICIO DE LA CÁMARA AGRARIA 
Está situada entre medianerías y es de dos plantas con formas regulares. La portada en piedra es adintelada y se encuentra enmarcada por columnas adosadas rematadas por pináculos. Encima del balcón hay un escudo enmarcado en piedra interrumpiendo el alero.
CONVENTO DE LOS TRINITARIOS 
Situado en la calle Lucas Parra, es una construcción del siglo XV -reformada en el siglo XVII-, cuyo conjunto está formado por iglesia de cruz latina, con crucero y nave de cinco cuerpos, cubiertos por bóveda de cañón con lunetos y cúpula de media naranja con literna en el crucero. Hecha en estilo barroco, apilastrado, tiene cornisa continua y arcos formeros policromados. El convento es de planta cuadrada, adosado a la iglesia por el sur, con un claustro cuadrado de tres plantas. El conjunto exterior es de gran volumen. El ábside de la iglesia y el convento dan a la plaza de Enrique Fernández. Fue mandado construir por Juan Pacheco en el año 1456.
MUSEO DE LAS COSAS DE LAS GENTES 
Desde hace bastantes años, la familia de Ángel García Moral mantiene este curioso museo en el que se guardan los útiles de la tierra manchega que el hombre, las gentes, han utilizado a través del tiempo en sus diferentes trabajos, con la idea de que cuando pase el tiempo perdure el recuerdo. Podemos contemplar los siguientes objetos en el museo:
AJUAR: Mundillo, planchas, baúl pequeño, tumbillo, máquina de coser, etc.
COCINA: Trébedes, badil, sartenes, ollas, cazos, pucheros, etc.
TRABAJO: Compás, barrenas, cepillos, limas, sierras, escoplos, bando de carpintero, serruchos, garlopas, martillos.
Yugos, horcates, collerones, estevas, arados, guadaña, garavatos, trilla, tijeras de podar, azadillas, horcas, zoquetas, ganchos, etc.
Medio celemín, romanas, barchillas, media fanega, pesas de azafrán, etc.
Escriño, ciazo, varillas de cerner, palas de panadero, artesa, etc.
Máquina de liar cigarrillos, máquina de escribir, aparatos de radio, enseres varios en miniatura.
Webs de fotografías de Belmonte 
ww.spaincenter.org/turismo/cuenca/belmonte.htm www.foro-ciudad.com/cuenca/belmonte/fotos/
Espacios Naturales (Total: 44)
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Oficinas de Turismo
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Oficina Municipal de Turismo de Belmonte
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Belmonte
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