Cuenca
Descubre esta ciudad paisaje declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO que se abre al visitante como una perfecta fusión de arte moderno y tradición, como capital de la provincia de Cuenca.
Cuenca
Quien visita Cuenca por primera vez se encuentra frente a un paisaje de gran belleza geomórfológica, un territorio de naturaleza caliza marcado por depresiones de bordes escarpados, con hoces y torcas pronunciadas. Un terreno donde el sustrato calizo condiciona la vegetación y en el que predominan las grandes extensiones de pinares, especialmente en las zonas de topografía más abrupta.
Inmerso en este paisaje, el casco urbano de Cuenca se alza sobre un roquedo, rodeado a su vez por dos grandes hoces labradas por el tiempo y las aguas de los ríos. Pío Baroja la denominó “nido de águilas”, en referencia a su ubicación y es que la capital está construída sobre un punto rocoso aislado, producto de la acción continuada de los ríos Júcar y Huécar, un escaso espacio que se aprovecha hasta los límites, construyendo edificaciones en los propios bordes de la roca que desafían el vacío.
Junto con Guadalajara, Cuenca es la provincia más montañosa de Castilla - La Mancha. Los distintos grados de erosión de los estratos del roquedo hacen que la fachada del río Júcar, a su paso junto a la ciudad, presente un original graderío. Antiguamente, estas plataformas estaban ocupadas por viviendas pero con el paso del tiempo han quedado como zonas en resalte o miradores convertidos en zonas ajardinadas desde las cuales es posible asomarse a la hoz que forma la geografía.
La Ciudad y su historia 
La ciudad se divide en dos zonas. Por una parte la parte antigua, situada sobre un cerro rocoso bordeado por las hoces del río Júcar al Norte y su afluente el Huécar al Sur, uniéndose ambos en la parte baja de la ciudad antigua, poco antes del llamado puente de San Antón. Al suroeste de la ciudad antigua, y separada por el río Huécar, se extiende la ciudad nueva.
Las temperaturas son frías en invierno y suaves en verano y pueden experimentar importantes diferencias térmicas, especialmente en los meses de más calor. Las precipitaciones suelen ser más abundantes que en su entorno, debido a la orografía montañosa de la Serranía de Cuenca.
La primera noticia histórica de su existencia se remonta al siglo IX, una fortaleza denominada Conca, construida por los árabes dependientes del emirato de Valencia para controlar los accesos a la Serranía y protegida por las hoces que hacían de muralla. Tras varias incursiones, Alfonso VIII la conquistó el 21 de septiembre de 1177. Se encomendó la repoblación de los territorios a la nobleza y a las Órdenes Militares, entre las que destacaba la de Santiago. A partir del siglo XIII, en el noreste, en especial en la serranía de Cuenca predominará la fundación de Concejos de Realengo, organizaciones locales con fueros propios y dependientes de la Corona. El fuero de Cuenca, un resumen del Derecho de aquel tiempo y una recopilación de los antiguos usos y costumbres jurídicas de Castilla, fue el modelo utilizado para algunas de las tierras que se reconquistaron con posterioridad hacia el sur, lo que le convirtió en un referente de la época.
En 1257 Cuenca alcanzó el título de "ciudad" y gracias a los favores reales vio acrecentados sus privilegios en siglos posteriores. Las principales actividades en los territorios conquenses eran la explotación maderera en la sierra, la ganadería, la manufactura textil, y los cultivos cerealistas en la zona manchega y meridional, sin olvidar la importancia que suponía para la ciudad el que una de las grandes cañadas de la Mesta partía de la Serranía de Cuenca. La población aumentó considerablemente y ello llevó a la creación de la parte baja de la ciudad, extendiéndose ésta hacia la planicie manchega. En 1529 se instaló la primera imprenta.
En el siglo XVII conoció la época de escasez más extrema. El país, en general, vivía momentos de penuria. Se inició el declive de las manufacturas laneras de Cuenca, su agricultura carecía de cultivos y sus tierras se encontraban yermas. Los períodos de guerras hicieron mella en la ciudad, que sufrió saqueos por parte de las tropas napoleónicas y en 1874 fue sitiada y tomada por los carlistas, quienes destruyeron parte de la muralla. Sin embargo, hacia finales del siglo XIX comenzó a remontar el índice poblacional llegando a los 10.000 habitantes. Tras la guerra civil española, Cuenca comenzó a perfilarse como una ciudad administrativa, dedicada básicamente a los servicios y a potenciar el sector turístico.
Qué visitar en tu primer día 
Se requiere un lento y tranquilo paseo para poder admirar esta ciudad amurallada, con un casco antiguo de estrechas y empinadas calles, de fuentes y rincones escondidos y con barrios que mantienen la apariencia con la que fueron construidos en su momento, que le hicieron ser merecedora de la declaración de Ciudad Patrimonio de la Humanidad por la Unesco el 7 de diciembre de 1996.
La ruta que vamos a proponer para conocer Cuenca consta de dos etapas, para las que dedicaremos dos jornadas completas. Sólo así podemos marcharnos con la impresión de habernos acercado a conocer toda la belleza de esta impresionante ciudad, en equilibrio sobre las hoces de los ríos Júcar y Huécar, con sus casas suspendidas sobre las rocas, sus edificios centenarios y valiosos museos.
En ambas recorreremos en primer lugar los mejores espacios y rincones de la ciudad alta (en la primera deteniéndonos en sus edificios y monumentos más destacados; en la segunda, entrando en sus más que interesantes museos), para después levantar la vista a los alrededores y el entorno.
La iglesia neogótica de El Salvador, en la plaza del mismo nombre, puede ser un buen punto de partida para nuestro primer recorrido. Desde aquí visitaremos los cercanos templos de San Felipe, de austero aspecto exterior pero de decoración interior rococó, y San Andrés, que data del siglo XVII. Siguiendo en dirección a la Plaza de la Merced no podemos dejar de pasar por la Torre Mangana, que se alza en un lugar en el que antiguamente existió un alcázar árabe. Hoy se yergue con un remozado aspecto mudéjar tras una reciente restauración.
En la Plaza de la Merced se halla el Museo de las Ciencias, antiguo Asilo de Ancianos. Dejaremos para la próxima etapa una visita a su interior, pero aprovecharemos para apreciar la belleza de su fachada, así como las del Seminario de San Julián y la iglesia barroca de la Merced, que completan la vista de este recoleto rincón de la ciudad.
Ya estamos a un paso de la Plaza Mayor, centro de la ciudad alta, un lugar ideal para hacer un alto en el camino y descansar ante el solemne Ayuntamiento, del siglo XVIII, el Convento de las Petras y la Catedral (969-224.626) de Nuestra Señora de Gracia, el edificio más impresionante de la ciudad. Su construcción se inició en el siglo XII y a lo largo de los años se ha enriquecido con la aportación de diferentes estilos. El aspecto gótico-normando original se fue transformando con el resultado que se puede apreciar hoy: una de las catedrales más singulares de España. Destaca especialmente su triforio, las galerías interiores que se abren sobre la nave central. Adosado a la catedral está el Palacio Episcopal, que alberga el Museo Diocesano.
Si nos dirigimos desde aquí hacia la fachada del Huécar nos encontramos con las Casas Colgadas, de origen medieval. Auténtico símbolo de esta ciudad engarzada en la roca, se han convertido en la prolongación vertical de la pared caliza. Una de ellas es la Casa del Rey, que alberga el Museo de Arte Abstracto. Es obligado cruzar la pasarela de San Pablo para ver la ciudad y la Hoz del Huécar desde un ángulo privilegiado. Aquí está el Convento de San Pablo, hoy parador de turismo.
Cruzando la ciudad hacia su vertiente opuesta, pasando de nuevo por la Plaza Mayor, descendemos, ahora sobre el Júcar, por la Bajada de San Miguel, hasta la antigua iglesia del mismo nombre. Se trata de un destacable edificio, reformado, pero que conserva elementos del sigo XIII. Apurando una ciudad que se estrecha entre los precipicios que la cercan, buscamos la iglesia de San Nicolás, en la plaza del mismo santo, a la que se puede llegar desde la calle de San Pedro. En la Bajada de Las Angustias, también sobre la Hoz del Júcar, se puede llegar a la ermita de Nuestra Señora de Las Angustias, de gran devoción popular.
Nos queda aún por ver la iglesia de San Pedro, en la Plaza del Trabuco, a la que llegamos desde la Plaza Mayor por la misma calle de San Pedro o, subiendo desde la ermita de las Angustias, por la Ronda del Júcar. Se trata de una iglesia construida en estilo románico, pero que ha sido muy transformada. Su planta es octogonal en el exterior y circular en el interior. Cerramos el recorrido puramente urbano, siguiendo por la calle del Trabuco, con la visita al Convento de Las Descalzas y al antiguo Castillo, del que se conservan parte de sus murallas y torres y una puerta de entrada.
Para cerrar la jornada, nada mejor que asomarnos a la espectacular Hoz del Huécar. Podemos hacerlo desde el lado de la ciudad, siguiendo el camino donde lo habíamos dejado, explorando el Barrio del Castillo, con la opción de seguir por la ruta turística del Huécar, aunque ya no a pie. Del otro lado de la misma Hoz, la opción pasa por comenzar el paseo cruzando el puente de San Pablo. Es el último paseo de nuestra primera jornada.
Qué visitar en tu segundo día 
El segunda día visitaremos los mejores museos de la ciudad, volviendo sobre los pasos del itinerario anterior. En el Palacio Episcopal, con entrada en la calle Obispo Valero, se halla el Museo Diocesano (969-224.210), que contiene pinturas, esculturas, tapices, piezas de orfebrería y diversos objetos religiosos, un acopio de obras de arte entre las que destacan dos óleos de El Greco.
Frente a él se halla el Museo Arqueológico de Cuenca (969-213.069), alojado en la Casa del Curato, que reúne piezas de gran valor, desde objetos que datan del Paleolítico Inferior a otros recuperados de los antiguos asentamientos romanos, visigodos o árabes de la provincia, una fascinante colección que resume la rica historia de Cuenca.
También está muy cerca el Museo de Arte Abstracto (969-212.983), sito en la Casa del Rey, una de las famosas Casas Colgadas, totalmente restaurada. Esta pinacoteca alberga obras de gran valor, como algunas de Antoni Tapiés, Gustavo Torner, Antonio Saura, Eduardo Chillida o Jorge Oteiza, y es el símbolo de la compenetración de lo moderno y lo antiguo de esta ciudad. Si no nos hemos escapado, en nuestra primera etapa, por las intrincadas calles del Barrio de San Martín, justo detrás el museo, podemos hacerlo ahora, al igual que acercarnos en la Bajada de Santa Catalina a la Iglesia de Santa Cruz, recientemente restaurada y sede del Centro Comercial de Artesanos de Cuenca, donde encontrar y comprar muestras de la artesanía de toda la provincia.
El Museo de las Ciencias, que se divide en salas temáticas, se encuentra en la Plaza de la Merced y es un lugar atractivo para grandes y pequeños. Aquí finaliza nuestra aventura urbana. Nos queda por disfrutar, al menos en parte, el magnífico entorno de la ciudad para un perfecto colofón de nuestro viaje.
Sabías qué... 
El territorio conquense comprende una gran diversidad de paisaje disperso por todo el territorio, espacio que puede dividirse en cuatro grandes áreas de reconocido interés, la Serranía, la Alcarria, la Mancha y la Manchuela.
En la provincia de Cuenca se localizan abundantes restos prehistóricos, entre los que destacan los abrigos de Verdelpino, Boniches y Villar del Humo, datados en la transición del Paleolítico al Neolítico, donde se muestran escenas de caza o de animales. La necrópolis de Madrigueras en Carrascosa del Campo muestra algunos restos de la Edad de Hierro y, además el territorio conquense posee en Saelices el Parque Arqueológico de Segóbriga.
De la misma forma en la provincia, se descubren distintos conjuntos histórico-artísticos como los de Alarcón, Belmonte, Cañete, Castillo de Garcimuñoz, Moya o San Clemente.
Gastronomía 
La capital recoge a la vez las mejores tradiciones gastronómicas de toda la provincia con las mejores innovaciones de la cocina más sofisticada, produciendo platos ricos e innovadores, basados en la carne, guisos tradicionales y recetas para proporcionar energía en los duros días de invierno, migas, gachas, chacinas, quesos y exquisitos postres artesanos, todo ello regado con excelentes vinos de la región con denominación de origen La Mancha.
La perdiz encabeza las variadas carnes de caza que se encuentran por esta zona y es el ingrediente principal en numerosos platos, como el morteruelo. El cordero, presente en casi toda La Mancha, también se encuentra en tierras conquenses, en recetas como las chuletillas hechas al rescoldo con todo su sabor o los zarajos, tripas de cordero lechal trenzadas sobre soportes de sarmiento y asadas al horno. Otros platos tradicionales son el pipirrana, un guiso que incluye pájaros, perdiz, palomas, embutidos, bacalao, oreja de cerdo, setas, todo ello aderezado hierbas y especias, el ajoarriero, elaborado con bacalao y ajos, el atascaburras, una receta típica de Semana Santa en la zona de San Clemente, a base de patatas y bacalao, los potajes, las garbanzadas con bacalao y espinacas, junto a los cangrejos y las frescas truchas de los ríos y arroyos cercanos.
En cuanto a los dulces destaca el alajú, elaborado con higos, almendras y miel, las torrijas empapadas en leche (especialmente en Semana Santa), las obleas, el pan de pasas, las rosquillas fritas o los bizcochos de canela. La provincia se produce un excelente vino con Denominación de Origen La Mancha, tanto blancos como tintos Además Cuenca ofrece el resolí, un licor típico, muy recomendable para facilitar las digestiones pesadas.
No te puedes perder... 
La Serranía de Cuenca es de visita recomendada. Allí se encuentra el nacimiento del río Cuervo y las Hoces de Beteta y Solán de Cabras, en el nordeste de la provincia, donde forman un conjunto de gran valor ambiental y paisajístico, ya que sus macizos rocosos son el hábitat de especies como el buitre leonado y el halcón peregrino. Y es que Castilla-La Mancha alberga dos parques nacionales, cinco naturales y numerosos espacios de interés casi intactos y poco conocidos, donde habitan especies como el ciervo, el corzo, el zorro, el lince, el águila real o el buitre negro.
Mención aparte merece la Ciudad Encantada de Cuenca, con sus gigantescos bloques de caliza esculpidos por los agentes naturales. Declarada Sitio Natural de Interés Nacional el 11 de junio de 1929, sus formaciones geológicas se remontan a la Era Secundaria. Situada en un extenso pinar en medio de la Serranía conquense, es uno de los más bellos parajes calcáreos, un laberinto de formaciones rocosas cársticas donde, a lo largo de unos 3 Km. aparecen fantásticas figuras bautizadas por la imaginación popular con nombres de animales y objetos. Esta es una comarca de complicada topografía, donde los ríos han labrado profundos valles que la fragmentan en una serie de mesetas “muelas” y cumbres más o menos planas, alternadas por profundos valles denominados “hoces” de increíble belleza, labrados por los ríos, Júcar, Cuervo, Guadiela y Escabas.
Situada en el pueblo conquense de Valdecabras, una pedanía de Cuenca, se localiza a 36 kilómetros de la capital. Partiendo de ésta, hay que coger la carretera que va a Tragacete, pasando por el mirador del "Ventano del Diablo", donde se puede disfrutar de una impresionante panorámica sobre el río Júcar. Continuando la carretera a 5 Km. está el desvío de Valdecabras, antes del cual se encuentra la Ciudad Encantada.
También en las cercanías de la capital, mención especial para Las Torcas, reconocidos como parajes únicos al tratarse de hundimientos del terreno en un entorno de gran belleza que sorprenden e impresionan al viajero. Para visitarlas se deberá tomar la carretera dirección Teruel y a tan sólo 11 Km. un desvío a la izquierda conduce a las Torcas secas, depresiones circulares que, sobre la caliza formaron las aguas; algunas escarpadas, o cubiertas de árboles, son todo un reto para la imaginación; la mayor concentración se localiza en Los Palancares, pero en Cañada del Hoyo el viajero se encontrará con el paraje de las Torcas de Agua y en Los Oteros un grupo de lagunitas que harán las delicias del visitante.
La Alcarria Conquense, separada de la de Guadalajara por la Sierra de Altomira, es una región de gran riqueza natural y patrimonial pero no suficientemente conocida que esconde espacios naturales singulares, como el embalse de Buendía, huellas de antiguos asentamientos humanos, como algunos iberos y romanos, y localidades de gran valor arquitectónico y monumental como Huete.
La Reserva Natural de las Hoces del Río Cabriel se encuentra al sur del Embalse de Contreras, en Cuenca. Se trata de uno de los parajes más bellos de la geografía castellano-manchega, un espacio protegido de gran valor ecológico y muy bien conservado que constituye un entorno privilegiado para un buen número de especies animales y vegetales
Consejos útiles 
Si se puede elegir, es aconsejable visitar la ciudad coincidiendo con alguna de las múltiples celebraciones festivas que tienen lugar a lo largo del año, puesto que las fiestas ocupan un lugar destacado entre las tradiciones de Cuenca. Algunas de ellas son puramente religiosas como La Semana Santa, declarada de Interés Turístico Internacional donde la ciudad celebra con solemnidad procesiones como la “Procesión Camino del Calvario” de las seis de la mañana, donde precede a la imagen de Jesucristo una muchedumbre de tambores y clarines denominada “Las Turbas”, cuyos orígenes inciertos podrían estar en una revuelta que tuvo lugar en 1766, ya que en el siglo XVIII existía la costumbre de utilizar clarines y tambores en las procesiones.
Y otras fiestas son de orígenes que nos remontan incluso a la conquista de Cuenca por el rey Alfonso VIII como las fiestas de San Mateo, que se celebran del 18 al 21 de septiembre y que están declaradas de interés turístico regional. Son días en los que las peñas llenan de colorido y música las calles de casco antiguo, acompañados por la tradicional ""zurra"", una bebida hecha a base de vino, frutas y otros ingredientes que se mantienen en secreto. También se corren vaquillas enmaromadas en el coso de la Plaza Mayor.
Es conveniente visitar el centro de recepción de turistas (Avenida Cruz Roja, 1. Telf.: 969 241050 Web: www.turismocuenca.com)o la oficina de turismo de la Agrupación de Hostelería (Plaza de la Hispanidad, 2. Telf.: 902 100 131 / 969 235 825 Web: www.todocuenca.es) donde se podrán informar de todas las posibilidades turísticas que ofrece esta excepcional comarca.
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Oficinas de Turismo
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Centro de Recepción de Turistas de Cuenca
Avda. de la Cruz Roja, 1
Cuenca
(Cuenca)
Tel. 969 241 050
Fax 969 235 356






