Atienza
Descubre esta villa declarada Conjunto Histórico Artístico de la provincia de Guadalajara, retomando los pasos del Cid, siguiendo las huelllas del románico, respirando naturaleza, descubriendo la arquitectura tradicional, disfrutando de la buena mesa.
Algo de historia
Atienza disfrutará a lo largo de los siglos, hasta finales del XIV más o menos, de una gran prosperidad. Se convierte en una villa semi-urbana que llega a contar con 14 iglesias, todas ellas románicas, y cuya población se estima pudiera estar entre los 6.000 y 8.000 habitantes.
El oficio de la arriería cobrará muchísima importancia, debido sin duda a los muchos privilegios otorgados por los distintos reyes a los arrieros atencinos.
Estos arrieros entraron a formar parte de la historia de Castilla cuando allá por el siglo XII salvaron al rey niño Alfonso VIII de caer en manos del Rey de León sacándolo de Atienza camuflado bajo el capote de uno de ellos, evitando de esta forma que el monarca leonés se hiciera con el reino castellano. Los dos cinturones de murallas con los que contaba Atienza la hacían una de las villas mejor fortificadas.
La importancia económica y la prosperidad de la que disfrutó Atienza es corroborada por la presencia de una judería de tamaño bastante considerable. Actualmente no queda nada de aquel barrio, salvo restos de la muralla que lo rodeaba y parte de algún torreón.
En 1369 el rey Enrique II premió al mercenario bretón Bertran du Guesclin entregándole la villas de Atienza, Soria y Almazán, además del Señorío de Molina.
El siglo XV verá el comienzo del declive tanto económico como demográfico de toda la Tierra de Atienza, como ocurrirá también en otras zonas de lo que posteriormente se conoció como Castilla la Vieja. Fue ocupada por los ejércitos de Navarra al mando de Rodrigo de Rebolledo en la Guerra de los Infantes de Aragón. Juan II y su valido Álvaro de Luna la sitiaron varios meses con un poderoso ejército sin conseguir expulsar a los navarros, por lo que tomaron la determinación de incendiar la villa quedando desde entonces destruida gran parte de ella. La fortaleza siguió en poder navarro algún tiempo más, hasta que a cambio de una elevada suma de dinero Enrique IV logró que la abandonaran.
A partir de entonces, ya reunificados los territorios hispánicos, excepto Portugal, bajo el mandato de los Reyes Católicos, Atienza verá correr el paso del tiempo sin pena ni gloria convertida todavía en centro comarcal semi-urbano, y quedando desde entonces su Tierra muy mermada por las donaciones y usurpaciones señoriales.
Sigüenza será la beneficiada por la importancia que desde entonces tomará el corredor Jalón-Henares, en detrimento de los enclaves estratégico-militares como Atienza que hasta entonces habían ejercido esa función por la cercanía con el reino aragonés. Su distribución a partir del XVI será prácticamente la misma que la de hoy en día, es decir, dividida en los cuatro barrios de San Gil, Puertacaballos, el de la Plazuela y el de la Plaza. La torre de la fortaleza será usada como prisión para personajes de la alta política en diversos momentos, y entre sus huéspedes cabe destacar al rey francés Francisco I, hecho preso en la Batalla de Pavía. Uno de los alcaides que tuvo la fortaleza fue el padre de Juan Bravo, uno de los cabecillas de la revuelta popular, también llamada comunera, contra el emperador Carlos I. Es un dato poco conocido el que Juan Bravo era atencino, aunque por haber casado y residido en Segovia ha sido tenido siempre por segoviano.
El caserío de la villa sufrirá importantes arreglos a partir del siglo XVIII, siendo la mayor parte de los edificios actualmente en pie de esa época. Hay que destacar que en estos siglos, XVII y XVIII, el Cabildo de Clérigos era el mayor propietario de tierras en Atienza.
Ya en el siglo XIX se verá seriamente afectada por la Guerra de la Independencia. Fue cuartel general de El Empecinado, por lo que los franceses se ensañaron con ella en varias ocasiones, desvalijando las iglesias y saqueando las casas para posteriormente incendiar gran parte la villa. También en esta primera mitad de siglo se produjo un importante cambio en la estructura administrativa y socio-económica de Atienza. En 1833 y debido a la división provincial proyectada entonces, aunque no comenzó a aplicarse hasta mucho más tarde, la comarca de Atienza así como algunos territorios adyacentes dejan de pertenecer a la provincia de Soria y son incluidas en la de Guadalajara. Años después, la desamortización de Mendizábal trajo consigo la venta de los bienes eclesiales así como la privatización y roturación de los terrenos comunales. Todo esto provocará una irremediable y progresiva ruralización en Atienza.
En esta época quedó abandonado el convento de San Francisco, del que actualmente solo nos queda algún que otro resto como el ábside de estilo gótico normando de su iglesia al que se ha adosado un edificio de moderna construcción.
Durante el siglo XX se acentuó más si cabe el fenómeno de la emigración que ya había comenzado tiempo atrás y que ya provocó a lo largo de los siglos XVII y XVIII el abandono de varios pueblos de su tierra como Vesperinas, Morenglos, Rejuelas o Valdelacasa. Fue después de la última guerra civil cuando cambió la fisionomía de la antigua Plaza de los Olmos, actual Plaza de España, con la construcción de la actual barbacana de piedra y la colocación de la fuente dieciochesca que subieron desde su anterior emplazamiento junto a la ermita del Humilladero. Los olmos desaparecerían posteriormente víctimas de la grafiosis.
A pesar de todo ello, Atienza y su tierra han sabido conservar su rica herencia que se refleja fielmente en los monumentos y edificios civiles, religiosos y militares, así como en el impresionante conjunto pictórico, escultórico, orfebre, arqueológico y paleontológico que puede ser admirado en sus museos. Una tierra de indudable encanto y belleza, en la que se respira constantemente esa castellanía que desprenden todos y cada uno de sus rincones y gentes.
Monumentos de interés 
Para sorpresa de casi todos la villa de Atienza cuenta con tres magníficos museos ubicados en tres de sus iglesias.
Gracias a su nuevo cometido como museos se evita el deterioro y abandono de las mismas, ya que de otro modo se encontrarían cerradas y sin cuidado alguno. Una buena opción para compaginar una visita a los museos y un recorrido por el pueblo es empezar desde la parte alta, en la que está situada la iglesia de Sta. María del Rey con su espléndida portada románica, el castillo desde el que se disfruta de unas magníficas vistas y el Museo de La Trinidad. Desde aquí se puede ir hasta la Plaza del Trigo por la antigua calle de Zapaterías y luego de admirar tan bella plaza y el arco de San Juan, una de las puertas del primer cinturón de muralla, tomar la calle Layna Serrano, bajo el balcón de esquina, cruzar el Arco de la Virgen y seguir hasta dar de frente con la fuente del Tío Victoriano, en la que está esculpido el antiguo escudo de la villa, desde aquí tomando la calle que sale a la derecha se llega hasta el Museo de San Gil.
Subiendo por la misma calle se llega hasta la Plaza de España, antigua Plaza de los Olmos, en la que destaca una fuente del XVIII con delfines esculpidos y el escudo de los Bravo Lagunas junto a unos balcones con aleros de pizarra típicos. Unos metros más abajo se puede ver lo que fue la antigua Posada del Cordón, actualmente residencia de ancianos, con su cordón de piedra esculpido y su ventana gótica geminada.
Bajando por esta misma calle y cruzando la carretera se llega al Museo de San Bartolomé, junto al que se encuentra una fuente romana del siglo II y la puerta de la Salida, uno de los accesos del segundo cinturón de muralla.
El Museo de La Trinidad, emplazado en la preciosa iglesia románica de La Trinidad tiene dos apartados. Uno dedicado al arte religioso con magníficas obras de arte, entre las que destaca el Cristo del Perdón y un Cristo románico del siglo XII. El otro apartado está dedicado a la Cofradía de La Caballada , y en él se exponen documentos antiquísimos de la misma, así como fotografías y diversa vestimenta.
El Museo de San Gil, emplazado en la iglesia románica del mismo nombre posee una magnífica colección de arte religioso y restos arqueológicos. Estos restos abarcan desde la Edad del Bronce hasta la época visigoda, aunque también hay objetos de otras partes del mundo y minerales de la zona.
El Museo de San Bartolomé, ubicado en dicha iglesia románica posee una de las más importantes colecciones paleontológicas de Europa, así como diversas obras de arte religioso.
Arte Románico 
Afortunadamente son todavía bastantes los ejemplos que se conservan en Atienza y la comarca de este arte extendido por toda Europa y que avanzó al tiempo que la Reconquista. La ausencia de núcleos urbanos importantes en la zona hizo que la mayor parte del románico presente en estas tierras derivara más hacia un estilo netamente rural, más sencillo y sobrio que el que se daba en poblaciones más importantes y pobladas. Una característica presente en el románico de todo el entorno, al igual que sucede en zonas de Soria y Segovia, es la de los atrios porticados en las iglesias. Estos atrios, propios del románico tardío, se usaban para la celebración de las asambleas populares y las reuniones de los Concejos, lo que hacía de las iglesias el centro de la vida civil y religiosa en los pueblos.
Fiesta de la Caballada 
Estamos ante una de las celebraciones con más solera que tienen lugar todavía en España, no obstante la Cofradía de la Santísima Trinidad es una de las agrupaciones castellanas de más antigüedad documentada. Tenemos que remontarnos hasta mitad del siglo XII para encontrarnos con uno de los hechos que marcaron el devenir de Castilla y que tuvo lugar aquí, en Atienza. Está catalogada como Fiesta de Interés Turístico Nacional.
Habiendo heredado Alfonso VIII el trono de Castilla muy joven, con tan solo cuatro años, su tutela se la disputan dos familias muy influyentes, los Castro y los Lara. Aunque Sancho III en su testamento señala a los Castro como tutores de su hijo, serán los Lara quienes mediante una estratagema mantengan al niño en su poder. Los Castro solicitan la ayuda del Rey de León Fernando II quien, posiblemente viendo la oportunidad de gobernar en ambos reinos, entró en Castilla al frente de un ejército para apoderarse del pequeño Alfonso. Éste es sacado de Soria y llevado por Pedro Núñez de Fuentearmegil a Atienza, una de las villas mejor fortificadas del reino, que no tardará en sufrir el cerco al que le someterán las tropas leonesas. Dice la tradición que, ante el peligro que suponía el asedio leonés, el pequeño rey fue sacado de madrugada de la villa escondido entre un grupo de arrieros que lo llevaron hasta Segovia y posteriormente a Ávila donde quedó a salvo.
Desde entonces los miembros de la Cofradía de la Santísima Trinidad, heredera de la antigua cofradía de arrieros y popularmente conocida como “de la Caballada”, recuerdan el hecho a lomos de sus caballerías ataviados a la antigua usanza y al son de la gaita y el tamboril. Todos los domingos de Pentecostés desde la mañana temprano, cuando la comitiva atraviesa el pueblo camino de la ermita de la Estrella, hasta el atardecer, en que tendrán lugar las carreras entre ellos, los cofrades irán cumpliendo con la tradición escrupulosamente. Los hermanos siguen al pie de la letra unas ordenanzas que cuentan con siglos de antigüedad, no obstante las multas impuestas por el Prioste a los cofrades se hacen en forma de celemines de trigo, libras de cera o cuartillos de vino.
El día anterior se celebra el ""sábado de las siete tortillas"", y en la ermita de la Estrella los hermanos cofrades se reúnen alrededor de la mesa para degustar las siete tortillas, que según dice la tradición son las jornadas que duró el viaje hasta poner a salvo al Rey. El número siete es un número por otra parte muy simbólico y está presente en multitud de hechos y construcciones de la Edad Media.
Gastronomía 
Otro de los muchos atractivos que tienen Atienza y su tierra es su gastronomía. Al igual que en otras zonas de Castilla el rey de la mesa es sin duda el asado, ya sea cordero o cabrito, y los de esta zona tienen merecida fama, aunque la oferta se amplía con otras delicias culinarias principalmente tradicionales. La caza surte nuestra mesa de una gran variedad de platos, y dependiendo de la temporada podremos disfrutar del corzo, el jabalí, la codorniz, la liebre o la perdiz. Bien merecida fama tienen también las truchas del Sorbe y el Bornova, como no pueden faltar tampoco los cangrejos. Pero sobre todo en otoño no hay que dejar de probar las deliciosas setas de cardo, los boletos o los níscalos, que en esta época son el plato estrella de la mesa. No podemos olvidarnos de la matanza ni de las ricas viandas que de ella se derivan, ya que durante los meses de Febrero y Marzo son el atractivo principal en alguno de los establecimientos. Como el agua no es recomendada en este abanico culinario pueden sustituirla tranquilamente por un buen vino tinto, ya sea riojano o de la cercana ribera del Duero.
Monumentos (Total: 444)
Iglesia de San Gil (Atienza)
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Castillo de Atienza (Atienza)
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Iglesia de la Trinidad (Atienza)
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Actividades (Total: 30)
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