Fuentelsaz
GuadalajaraNobilísimo lugar del Alto Señorío Molinés situado en el extremo nororiental de la provincia, Guadalajara y Castilla se funden con Aragón en estas latitudes revestidas con el ropaje rudo, pedregoso, frío, de las parameras.

- Información al turista
- Fiestas Tradicionales:
• Fiestas patronales, el 17 y 18 de Mayo
Actividades deportivas y de ocio:
• Senderismo, cicloturismo y otras actividades relacionadas con la naturaleza
Teléfono del ayuntamiento: 949 840 438
- Descripción
El estratégico emplazamiento de Fuentelsaz, en la misma raya de Aragón, hace pensar que fue ya habitación de los hombres primitivos, que en castros elevados, cercanos a ríos, ponían su casa y su defensa. También refieren las tradiciones locales que por este término cruzó Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, en sus varios caminares entre Castilla y Valencia. Han quedado así algunos enclaves que le recuerdan: la Fuente del Cid, la Cabeza del Cid, etc. Pero el nombre de Fuentelsaz no comienza a sonar hasta la constitución del Señorío de Molina, bajo la dirección de Manrique de Lara, en 1129. En esa época se debió repoblar, y allí pondría su primer señor, o alguno de sus descendientes, un fortísimo castillo para defensa del territorio. Este castillo le daría al pueblo de Fuentelsaz su historia, pues repetidas veces aparece su nombre en las viejas crónicas medievales: en el siglo XIV, desde él partió Pedro I «el Cruel» de Castilla en dura guerra contra Aragón. Poco después, en la misma centuria, este último reino conquistó el castillo de Fuentelsaz. Cuando todo el Común de Molina se levantó en armas contra Beltrán Duguesclin, que lo había recibido en señorío de Enrique II de Castilla, Fuentelsaz se resistió pero finalmente se entregó también al rey de Aragón. También en el siglo XV, cuando las guerras de Juan II con sus primos los navarros, Fuentelsaz y su castillo jugaron, por su carácter fronterizo, un papel crucial. Finalmente, en el siglo XIX, y en el transcurso de la primera de las guerras civiles o «carlistas», fue dinamitado y hundido el viejo castillo.
- Visitas esenciales
- Su castillo: Hoy sólo queda de él una mínima expresión de muros bajos. Los antiguos cronistas dicen que esta fortaleza era de las más relevantes de Molina, de gran altura, numerosas torres, fuertes pertrechos y defensas. Merece la pena ascender a lo alto del cerro donde quedan las ruinas del castillo para evocar su pasada grandeza y admirar un magnífico panorama.
Es de interés visitar la iglesia parroquial que muestra restos del estilo románico en su ábside, pequeño y de planta semicircular, con algunos canecillos que se forman de curiosas representaciones zoomórficas. El resto del edificio es obra del siglo XVI en adelante.
Por el pueblo se ven distribuidas varias casonas de traza típicamente molinesa. Destacan entre ellas la que llaman palacio del obispo, del que hoy ya sólo quedan los muros, y sobre la puerta un gran escudo episcopal tallado.
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