Jadraque
La hermosa y acogedora villa de Jadraque, situada al noroeste de Guadalajara, posee una fuerte tradición Cidiana, gastronómica y religiosa, así como, el maravilloso valle al que se asoma desde su privilegiada situación, que le otorgan un merecido primer lugar entre los destinos turísticos de la zona.
El Castillo del Cid
Un poco de historia 
El origen de este castillo defensivo de la época de los siglos X y XI, tiene lugar en la serie de fortalezas defensivas que los árabes construyeron a la orilla izquierda del fronterizo río Henares.
La reconquista definitiva de este castillo fue hecha por Alfonso VI en el año 1085, quedando en principio en calidad de aldea bajo la jurisdicción del común de Villa y Tierra de Atienza, de la que no se consiguen independizar hasta comienzos del siglo XV. En 1434, el rey Juan II hizo donación de Jadraque y de su castillo a su parienta doña María de Castilla, nieta del rey Pedro I el Cruel. El estado señorial así creado fue heredado por don Alfonso Carrillo de Acuña, quien en 1469 se lo entregó, a cambio de pueblos y bienes, a don Pedro González de Mendoza, obispo de Sigüenza y luego Gran Canciller del Estado unificado de los Reyes Católicos.
Fue este magnate alcarreño quien inició la construcción del castillo de Jadraque con la estructura que hoy vemos y que finalmente, entregó a su hijo mayor don Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza. El boato de las nobles cortes mendocinas, de aire inequívocamente renacentista, cuajó también en estos tiempos en los salones de este castillo, que fue morada del amor y del buen gusto.
Abandonado este castillo de sus dueños, el manirroto Mariano Girón, duque de Osuna y del Infantado, a finales del siglo XIX decidió venderlo, y fue el propio pueblo, representado en su Ayuntamiento, quien acudió en el año 1889 a comprarlo, en la simbólica cantidad de 300 pesetas. El cariño que siempre tuvieron los jadraqueños por su castillo, en el que acertadamente siempre han visto el fundamento de su historia local, les llevó hace cosa de 20 años a restaurarlo en un esfuerzo común, mediante aportaciones económicas personales.
La fortaleza 
La fortaleza llamada “castillo del Cid”, se constituye en altos muros, muy gruesos, reforzados por torreones semicirculares y algunos otros de planta rectangular, adosados al muro principal. Los murallones de cierre tienen su adarve almenado, y las torres esquineras presentan terrazas también almenadas, con algunas saeteras. El interior, completamente vacío, muestra algunas par¬ticularidades de interés como es la pequeña capilla en honor de Nuestra Señora de Castejón, patrona del pueblo.
La amplitud del interior, la homogeneidad de su silueta, y una serie de detalles en la distribución de los ámbitos destinados a lo castrense y a lo residencial, nos muestran al castillo de Jadraque como una pieza netamente renacentista y moderna. Entre sus medio derruidos muros, sobre el vacío silencio de sus patios, resuenan aún los ecos de los personajes ilustres que allí habitaron, desde el Cid Campeador, que subió a golpe de espada, hasta el marqués del Zenete, que allá en la altura tuvo su corte de amor y sueños.
La visita al castillo 
El acceso a este edificio que hoy nos muestra su aspecto algo desgastado a pesar de las restauraciones progresivas en él efectuadas, lo tiene por el sur, al final del estrecho y empinado camino que entre olivos asciende desde la basamenta del cerro.
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